Siempre se deja los libros a medias. En la
mesita de noche se le
apilan durante mucho tiempo. Uno de intriga, alguno de poesía, un par de clásicos, una novela ligera, incluso
cómics. Todos a medias.
Siempre escribe a medias. En la cabeza se le agolpan las ideas durante algunos segundos. Cuando las quiere cazar es demasiado tarde, se han disipado, se han disuelto entre brumas cada vez más conocidas. Amor, soledad, ilusión, miedo, tristeza, confianza, incluso alegría. Sentimientos a medias que se le escapan entre los dedos. Nada es suficiente.
A medias cuerdo, a medias loco. Siempre a medias. Media vida esperando, media vida huyendo, media sonrisa, media mueca de dolor metálico. Medio valiente, medio cobarde.
Conversaciones a medias, medias verdades.
Media noche, hora de los fantasmas.